La Política de Don Bosco.
Si bien no hay en la biografía de Don Bosco grandes párrafos y palabras dichas por el Santo en alusión a la política, estudiando más de cerca su vida nos damos cuenta fácilmente que las convulsiones políticas de la época no fueron ajenas a sus pensamientos y su obra. Escribir y detallar todos los acontecimientos ocurridos alrededor del Piamontés, no es lo que buscamos en estas líneas. Explicar de acuerdo a nuestro entendimiento como se consolido la política del Padre Nuestro, es lo que nos interesa. En las Memorias Bibliográficas vamos a encontrar que a menudo, Don Bosco les decía a sus hijos que no se hablara de política en las casas salesianas y que no se metieran en cuestiones concernientes a ésta. Les pedía que tengan sumo cuidado, ya que la atención tendría que estar puesta, pura y exclusivamente, en la salvación de las almas.
Sin embargo, como buen católico de la época, amante de la Iglesia y devoto del Papa, profesaba ideas un tanto conservadoras y monárquicas. La autoridad provenía de Dios, y siempre enseñaría a sus chicos respetar la autoridad civil constituida. Profesaría un gran afecto por Víctor Manuel II que sería un gran benefactor de su obra. Tanto es así, que cuando tuvo inconvenientes con el Conde de Cavour por el oratorio, sería gracias al monarca que el Oratorio de San Francisco de Sales, en Valdocco, seguiría abierto.
En Don Bosco encontramos, como señala Luis Timossi en un artículo publicado en el Boletín Salesiano “Un educador en política”, a un santo comprometido con el surgimiento de la identidad nacional italiana. Dado al momento histórico que vivió, se lo hace partícipe inevitable, de un cruce de pensamientos y de apasionadas acciones patrióticas, antes las cuales reaccionaría como ciudadano y cristiano. En reiteradas ocasiones se proclamaba como sacerdote y buen ciudadano, evitando exacerbar los sentimientos bélicos, siempre peligrosos en la educación de los jóvenes y adolescentes.
Don Bosco habituado a la paciencia campesina, podía soñar grandes proyecto, pero comprendía que no podía lograrlo sin ir gradualmente, en base a la efectiva disponibilidad de medios y personas. Esos proyectos y sueños que emprendió a favor de los adolecentes y jóvenes en situación de calle y extrema vulnerabilidad, hicieron que su figura no pasara inadvertida en su ciudad.[1] Tuvo en claro que para el bien de su Obra, tenía que entrar en contacto con toda clase de personalidades políticas de la época, confeccionando incluso encuentros personales, con los máximos fautores de la independencia y unidad Italiana.
Don Bosco, un líder distinto…
En Don Bosco se reconoce un hombre dotado de grandes capacidades intelectuales y de liderazgo. Si bien, no fue a las mejores escuelas y su formación no fue la de los grandes gobernantes y reyes de Europa, hay que leer en la vida del Santo la capacidad que tenía para observar la realidad de su contexto, con una mirada inclusiva y extensa. Esto le permitía generar respuestas innovadoras y creativas para sus hijos, que los ayudaba en su formación integral como hijos del Padre y personas sujetas de derecho.
Don Bosco despertaba en los personajes de la época, admiración y sorpresa. Sumado a una gran capacidad de oratoria para expresar en concreto alguna idea o endulzar el oído de sus bienhechores, hacían del Piamontés, un hombre con un gran carisma. La capacidad para el trato, mezcla de dulzura, bondad, flexibilidad, buen humor y una pisca de picardía atraían a grandes y chicos, en los cuales, mediante una gran sensibilidad para entender sus problemas, comprendían sus intenciones y las expectativas de las personas que se encontraban con él. Luis Timossi señala que a esta gran capacidad, se sumaba una significativa dosis de voluntad, tezón y perseverancia que imprimían a su personalidad la impronta de un hombre seguro y decidido, que no baja los brazos antes el primer obstáculo.[2] Las características necesarias, que en un movimiento o partido harían del Santo un gran líder.
Sin embargo hay que destacar en Don Bosco una cualidad clave que lo convertiría en un líder distinto. Era profundamente un hombre de Dios, y en la oración buscaba la luz del Espíritu Santo que le permitía discernir el llamado que Cristo le realizaba desde cada unos de los adolecentes y jóvenes que se encontraban con él. Luís Timossi expresa que esta cualidad le permitió percibir por donde estaba pasando la construcción de la historia, según el proyecto de Dios.[3]
El Papa Pío IX, en su encuentro con Don Bosco, valoraría estas cualidades, tratando de nombrarlo su asesor personal con el titulo de Monseñor. A pesar que el Santo le hizo entender que no era su vocación y no era el proyecto que Dios tenía para él, el Papa igualmente le pidió su servicio en varias cuestiones de enorme importancia para la Iglesia en Italia. Intervendría como mediador en numerosas cuestiones referente al nombramiento de obispos, frente al gobierno Piamontés y más tarde frente al gobierno Italiano.
Muchos eran también los que veían en Don Bosco una figura pública de enorme importancia y peligrosidad para las políticas liberales que se implementaban en el Piamonte. A pesar de haber dicho que estaba a favor de una Italia Unida como pretendía el Papa, los diarios liberales de la época lo ridiculizaban y cargaban continuamente contra su figura. Para la celebración del funeral de su Maestro y amigo, José Cafasso, Don Bosco expuso en la homilía las virtudes y excelentes prerrogativas hacia el Santo. El periódico Armonía describiría al funeral, calificando la oración realizada por Don Bosco de sencilla afectuosa y patética. Cualquier hecho o palabra, por mínima que sea, era utilizada para demoler la figura que el Piamontés había lograda entre los ciudadanos de Turín.
En varias ocasiones, durante la anexión de los Estados Pontificios al Reino de Italia, numerosas personas se le acercaron a preguntarle, unos sinceramente y otros insidiosamente, si los soldados piamonteses podían en conciencia atacar y combatir contra los defensores del Papa; si era licito a los reclutas no presentarse en los cuarteles y desertar. Don Bosco respondía: “Vayan a hacer una buena confesión. Es el mejor consejo que yo les puedo dar.”[4] Don Bosco sabiendo el peso de sus palabras y el revuelo que podía generar lo que saliera de su boca responde lo que un hombre preocupado por la salvación de las almas contestaría.
A pesar de los continuos ataques por parte de los movimientos liberales, los grandes políticos de la época y el mismo rey, Víctor Manuel II, lo conocían y respetaban. El mismo José Garibaldi, diría del Santo “Dejen tranquilo a Don Bosco, ese es un cura que hace el bien”. Y luego le escribiría a Carlos Blind, escritor y político alemán, que “no creía que exista en el mundo una nación menos católica que Italia… La masa popular no cree para nada en el catolicismo y no ve en las iglesias papales más que viejas beatas.”[5] También exclamaría: “Don Bosco, ese sí que es un cura valiente, un verdadero sacerdote de Dios, amante de la humanidad. Hace bien a la juventud, y es el único de este tipo en Italia.” Garibaldi reconoce en Don Bosco un líder en Dios que se abraza a su proyecto en la humanidad de las personas. Un proyecto en el que el adolecente y joven, se reconozca así mismo en su dignidad de persona, a partir de su realidad, y construya para si su proyecto de vida. Política que hoy en día es dicha y exaltada en discursos por partes de Políticos y Gobernantes pero que poco creen y quieren a la juventud como Don Bosco lo hacía en Jesucristo.
El mismo ministro de justicia Urbano Ratazzi, será quien le sugiera a Don Bosco crear una Congregación con las debidas adecuaciones a las nuevas realidades sociales y políticas que estaban surgiendo. Dirá de él: “Don Bosco es la más grande maravilla del siglo XIX”.
Su carisma y su amor fiel en Cristo, lograba generar en las personas que realmente luchaban por una causa, una admiración y afecto tal, que le permitía entablar amistades con amigos y enemigos de la Iglesia. Un líder interesado en la salvación de las almas de sus hijos y amigos.
La Practica en el Padre…
Sus cualidades hacían de Don Bosco, un hombre de gran acción y trabajo. Fomento contratos de trabajo con los jóvenes obreros, incursiono en la novedad de las escuelas nocturnas, edito libros de textos adecuados para la educación de los jóvenes de la calle, crea la Asociación obrera de Mutuo Socorro, favorece la educación del pueblo sencillo con la colección de las Lecturas Católicas, arma talleres de carpintería, zapatillera, sastrería, e imprenta para la formación de los jóvenes. Actúo con proyecto y opciones que lo involucraron de manera directa en una acción política a favor del pueblo y en especial con los adolecentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad y calle.
Como buen observador en la acción supo añadir a su obra una dimensión civil y social expresamente incorporada en su proyecto educativo. Dimensión que hoy se teoriza y re teoriza en las propuestas gubernamentales, visibles en las plataformas de campañas, pero que a diferencia del Santo solo se quedan en la teoría.
A pesar de sus ideas innovadoras y creativas para la época, enfocadas en un proyecto sustentable y totalmente coherente afirmado con el paso de los años y la experiencia, rechazo en todo momento participar en políticos y en sectores marcadamente pasionales, evitando toda parcialidad que pudiera dañar a la Obra que el Señor le había encomendado. Luis Timossi hace referencia a esto señalando que en una editorial, de un diario de la época impulsado por Don Bosco, el Padre Pedro Braido describe que “la índole del diario y de quien lo escribe está muy lejos de todo espíritu partidario, de luchas, de controversias y de toda malignidad, por lo que no tendrán cabida en él agrias disputas, ni airado debates; solo se buscará iluminar y advertir a la juventud contra todo aquello que pudiera oscurecer la verdad de la fe, corromper las buenas costumbres o desviar al pueblo por caminos tenebrosos y falaces”. Si bien varios de los diarios empezados por Don Bosco, en su principio no tuvieron el éxito esperado para su reproducción, en ellos encontramos temas tratados en base a la juventud, a la religión y la libertad, lección de historia patria, y a las noticias que ocurrían en la época.
Es increíble la cantidad de obras realizados por nuestro Padre a favor de la población más vulnerable, sobre todos los jóvenes. Su teoría no se basaba en grandes autores o en importantes manifiestos políticos. Su teoría se basaba en una verdad única, Cristo, y a partir de ahí, su único deseo era llevar a la practica el amor del Padre.
La política del Padre Nuestro…
En la consolidación de la política del Padre Nuestro, Don Bosco fue re direccionando continuamente su mirada y sus obras a partir de lo que Padre le pedía para la salvación de sus hijos. Sus tendencias y opciones políticas personales fueron reorientadas y subordinadas siempre a esta, que a partir de los años considero como su línea política prioritaria: la salvación de los jóvenes del pueblo.
Cuando tuvo que dirigirse hacia ministros liberales y mejorar la relación con estos, como con Urbano Ratazzi o el Conde de Cavour, no lo dudo a fin de mantener a salvo lo que la Divina Providencia le había confiando: el Oratorio. Sabía perfectamente que con su obra llegaba a la población que el gobierno por diferentes cuestiones no podía llegar y a su vez el gobierno, sabiendo esto, dejaba que trabaje vigilándolo siempre de cerca. Sin embargo nunca retrocedió con cuestiones referente a la Iglesia, su fidelidad a esta y al Papa.
Desde estos puntos se puede interpretar la frase “mi política es la del Padre Nuestro”. Como señala Timossi, para él construir el Reino de Dios, hace su voluntad así en la tierra como en el cielo, procurar el pan de cada día… consistía, ante todo, en se expresión del amor mismo del Padre Dios para con sus chicos más pobres.[6]
[1] Cfr. BRAIDO, Pedro / “Don Bosco, sacerdote de los jóvenes en el siglo de las libertades”.-- Ed. Didascalia: Rosario; 2009.
[2] Cfr. TIMOSSI, Luis / “Un educador en política”.-- Boletín Salesiano: Argentina; Septiembre de 2011 - N° 678
[3] Cfr. TIMOSSI, Luis / “Un educador en política”.-- Boletín Salesiano: Argentina; Septiembre de 2011 - N° 678
[4] LEMOYNE, Juan Bautista / “Memorias Bibliográficas – Tomo VI”.-- Central Catequista Salesiana: Madrid; 1986.
[5] LEMOYNE, Juan Bautista / “Memorias Bibliográficas – Tomo VI”.-- Central Catequista Salesiana: Madrid; 1986.
[6] Cfr. TIMOSSI, Luis / “Un educador en política”.-- Boletín Salesiano: Argentina; Septiembre de 2011 - N° 678

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